

¿Qué Piedras te Sostienen?

¿Qué Piedras te Sostienen?

De Camino para Visitar a Myrsh y Lonka

Maestro Puff caminaba tranquilamente entre plantas de cáñamo, siguiendo el camino bordeado de cristales que llevaba a la morada de sus amigos Myrsh y Lonka: una pequeña cabaña de madera rodeada de árboles y alejada del bullicio. Hacía algún tiempo que no se veían, era el cumpleaños de Myrsh y Maestro Puff les llevaba algunos regalos: sus nuevas creaciones para que las probasen. Todavía no había decidido cómo se las daría (le gustaba que cualquier regalo tuviese una utilidad y significado concreto cuando los entregaba), pero estaba seguro de que el momento se manifestaría sin tener que provocarlo.
La pareja llevaba ya algunos años juntos y su relación era una referencia a imitar para la mayoría de sus amigos y conocidos. Por eso, Maestro Puff no esperaba oír voces cómo las que había cuando se aproximaba. A pesar de su sorpresa, Maestro Puff no sintió la necesidad de hacer ninguna conjetura sobre lo que pasaba y sus pasos continuaron, como siempre, al ritmo, que ellos mismos decidían.

La Pelea

Mientras, las voces, cada vez más audibles, seguían.
Lonka increpaba: “¿Cómo has podido hacerme eso? Yo siempre tengo a disposición todas mis cosas para ti. Nunca me guardo nada para mí únicamente. ¿Desde cuándo esa caja de música es exclusivamente tuya y no puedo apoyarme en ella? Se acabó. No voy a consentirlo más. Es momento de poner límites. Ya me lo decía Corstte, si sigo así todo el mundo me va a pisotear.”
Myrsh trataba de meter baza en cada inspiración de Lonka para coger aire, pero no le daba tiempo. Finalmente ella hizo una pausa suficientemente larga para que entrase: “Mírate. ¿Por qué me gritas? Deja ya de proyectar tus miserias en mí. No es asunto mío lo que tu decidas hacer con tus límites. Esa caja no es un taburete, ni un reposa pies. Si no se la trata con cariño, se desafina. Es lo único que te he dicho.”
Lonka: “Lo que me has dicho es ‘Apartaté de ahí ahora mismo, vas a romperla’.
Myrsh: “Estás mal de la cabeza. ¿Para qué voy a decir yo eso?” Lonka: “Tú sabrás para que dices las cosas. Claro que ni siquiera recuerdas lo que dices. Yo sí sé lo que digo: hasta aquí”.

Buscando Ayuda

En ese momento, llegó Maestro Puff. Cuando Lonka lo vió, salió corriendo en dirección contraria.
Myrsh, saludó con entusiasmo deseoso de contarle lo que había pasado. “Buenos días, amigo. Menos mal que has llegado. Seguro que me puedes ayudar a que Lonka entre en razón.” La mirada de Maestro Puff le invitó a continuar. “Lonka ha llegado después de estar fuera todo el día y quería sentarse en mi caja de música. Yo simplemente le he pedido por favor que no lo hiciera. Su reacción ha sido completamente desproporcionada. No entiende que necesito la caja para trabajar. No entiende que hace tiempo que no compongo ningún tema nuevo y la tengo por ahí tirada como si ya no sirviese para nada. Hace un rato pasó Plork por aquí y me dijo que así va a volverse un trasto inútil. Así me he dado cuenta de que tengo que cuidarla más. Pero Lonka no lo entiende. Sólo me grita no sé qué de los límites.”
Lonka apareció después de lavarse la cara y hacer unas cuantas respiraciones para tranquilizarse. Abrazó a Maestro Puff. “Gracias por venir. Por favor, ayúdame.” Maestro Puff, hizo un gesto que paró a Myrsh y animó a Lonka a explicarse. “He llegado sin energía a casa. Sólo quería soltar todo, descansar y un abrazo. Y en lugar de eso, me he encontrado con que no puedo tocar las ‘cosas de Myrsh’ porque las estropeo. A partir de ahora, nadie tocará las ‘cosas de Lonka’, ‘mis cosas’. Myrsh no quiere escucharme, díselo tú.”

Árboles y Piedras

Maestro Puff no dijo nada (sabía comunicarse sin palabras). Con un movimiento elegante, como de prestidigitador, hizo aparecer un vaper que entregó a sus amigos. Ambos entendieron e hicieron un par de inhalaciones. El contenido llenó sus pulmones y rápidamente llegó a su Sistema Endocannabinoide.
Los tres de la mano, empezaron a caminar. Lonka y Myrsh sintieron como si algo se abriera en su interior.
Ninguno dijo nada. Pasados unos metros se detuvieron frente a un par de árboles. Uno le decía al otro: “Esa piedra es mía. Está sujetando mis raíces. Si la tocas lo más mínimo, no podré sostenerme.” El otro respondía: “Te entiendo perfectamente. Ves esta otra piedra. Esa es mía. Sin ella, me desmorono”. El primero dijo, “construyamos una barrera que rodee todas nuestras piedras para que ni el viento pueda moverlas”. El segundo estuvo de acuerdo, “Sí, es lo mejor cada uno protegeremos nuestras piedras”. Uno al otro se mostraban las diferentes piedras que les ayudaban a sostener sus raíces. Hasta que llegaron a una que los sostenía a ambos. Desconcertados no sabían que hacer. “¿Dónde pondré mi barrera sin que toque la tuya?”, decía el primero. “Si compartimos esta piedra, tendremos que compartir la barrera”, replicaba el segundo. “Pero yo no quiero depender de tus piedras”, decía uno. “Ni yo de tus barreras.”, afirmaba el otro.

Un Darse Cuenta

Al unísono, Lonka y Myrst empezaron a retirar las piedras de cada uno de los árboles. Éstos estaban tan enfrascados en el dilema de la piedra compartida que no se dieron cuenta de lo que ocurría hasta que la pareja se acercó a quitarla (cosa que hicieron juntos, agarrando la piedra con cuatro manos). Myrsh se dirigió a los árboles: “Vuestras piedras no os sostienen, mirad, sin ellas os sostenéis perfectamente.” Lonka siguió “No es necesaria ninguna barrera para proteger a vuestras piedras, ni a vosotros”.
Al escucharse hablar, se dieron cuenta de que ellos también habían cargado hasta aquí con numerosas piedras (creencias, actitudes, …) que consideraban imprescindibles para sostenerse (para ser ellos mismos, para seguir siendo quienes pensaban que eran o tenían que ser). Se dieron cuenta también de que al retirar las piedras de los árboles, habían retirado las suyas. Y sintieron que ahora eran un poco más libres para ser ellos mismos (sin nada que sostener ni nada que los sostuviese).

Abrazo

Los cinco protagonistas de esta historia se abrazaron (o “arramaron” si lo vemos desde la perspectiva de los árboles), alegres del descubrimiento que habían hecho. Todos liberados de aquellas “piedras”.
Maestro Puff, dejó el vaper a Lonka y Myrsh para que lo utilizasen siempre que necesitasen “retirar piedras”. Simplemente, les dijo: “Recordad: Cada Puff es una Obra Maestra”.








