

¿Qué Tipo de Caballo Soy?

¿Qué Tipo de Caballo Soy?

Un Nuevo Caballo

El caballo con el que Moroccan, uno de los terpenautas ayudantes de Maestro Puff, llegó a Monte Kush hacía tiempo que había fallecido pero no se animaba a tener otro. En realidad, sí quería otro, pero no quería utilizar de nuevo las técnicas que conocía para domar porque ahora le parecían crueles. No se arrepentía de haber domado a su antiguo caballo (al que terminó amando como al amigo fiel que era), porque lo había hecho de la única manera que sabía entonces; pero ahora prefería no repetir la historia.
Por eso, después de darle muchas vueltas, pidió a Maestro Puff que le acompañase a su antiguo país para comprar un caballo nuevo ya domado.

En el Mercado

El mercadillo de Marruecos, como era habitual, estaba abarrotado de tenderetes y gentes diversas. Pasearon entre los puestos probando dulces y especias, adquirieron un par de túnicas nuevas, y llegaron por fin a la zona de venta de animales. Cuando los ojos de Moroccan se posaron sobre un corcel negro como azabache con una mancha más clara en la testuz que parecía hoja de cannabis, algo dentro de él le dijo que ese sería su nuevo amigo. Su intuición creció cuando al acercarse Maestro Puff a él y acariciarlo, el animal volvió la cabeza y su mirada pareció brillar con tonos verdes, y también su estrella pareció volverse verdosa por un instante.
El comerciante marroquí enseguida pilló la escena; en un plis estaba a su lado, listo para regatear y conseguir un buen pellizco de esos dos desconocidos. Empezó así: “Muy buen caballo. Fuerte como un roble y rápido como el viento. Mira que patas tiene.” Moroccan no escuchaba, no podía apartar la mirada de la estrella que parecía hablarle: “Llévame contigo”.

El Mejor Caballo

El comerciante, tomó a Maestro Puff del brazo, pensando que la decisión dependía de él: “Mire señor, en todo el mundo hay tres tipos de caballos. El primero, el buen caballo, basta con que subas en él le hagas un pequeño ‘clac clac’ con la boca y se pone en marcha para llevarte donde quieras. El segundo, es un caballo regular, no hace caso al clac, pero en cuanto le das ligeramente con los talones, entiende y va para adelante. El tercero, es un mal caballo, no hace caso al clac, ignora el toque de los talones y hasta que no le picas fuerte con las espuelas y le atizas con la fusta, no se entera de que le toca moverse.”
Maestro Puff, le preguntó: “¿Qué tipo de caballo eres tú?”.
Como si no hubiese escuchado la pregunta bien, respondió: “Este caballo es mejor que bueno, no necesita gesto ni ‘clac’ porque sabe leer la mente de su dueño.”
Moroccan entonces se subió a lomos del animal con un salto de guerrero, y éste empezó a moverse tranquilamente esperando que desatarán la cuerda que le sujetaba a un poste cercano, confirmando lo que acababa de decirse sobre él.

Un Acto Inesperado

Inesperadamente, el comerciarte soltó al caballo. Nunca antes había hecho algo así, y, hasta él mismo se sorprendió. Mientras lo veía alejarse con Moroccan en su grupa, el comerciante trató de explicar su acción: “Vosotros sois gente de confianza. No le habría dejado a nadie montar esta belleza sin que antes la hubiese pagado como corresponde.”
Y siguió, “¿Sabes? La vida es muy dura conmigo. Cada vez más dura. Y aún así no consigo que me vaya bien. Siempre hay gente que quiere engañarme y tengo que tener mucho cuidado. En cambio, ahí tienes a mi vecino. Desde que era niño la vida le sonríe, y, claro, él no tiene miedo de que le vaya mal y se fía de cualquiera.”
Maestro Puff hizo una exhalación y el comerciante inhaló el vapor verde que salía de su boca. Repitió: “¿Qué tipo de caballo eres tú?”

Lección Aprendida

Entonces, el comerciante dijo: “Acabó de caer en algo que ha estado delante de mí todo el tiempo y no lo he visto hasta ahora. La vida me ha traído continuamente situaciones en las que confiar. Esa es mi lección. Y cómo no la aprendía, las situaciones han sido cada vez más difíciles. He sido un mal caballo, pero a partir de ahora prestaré más atención para ser un buen caballo.”
Alegre, continuó: “Llevaos el caballo. No necesito más pago que esta lección aprendida”.
Maestro Puff no quiso aceptar la oferta y le dio un saco lleno de monedas de oro, que alegraron al comerciante todavía más. Para demostrar su gratitud cogió las manos de Maestro Puff entre las suyas y las besó, sellando una amistad para toda la eternidad.
Entonces Moroccan regresó cabalgando, más que contento con su nueva adquisición. Maestro Puff, subió a la grupa con él y se despidieron: “Sigue confiando. Cada Puff es una Obra Maestra”.








