

Ir a Marte

Ir a Marte

Lejos

Maestro Puff está sentado en la cima de Monte Kush. No hay cima, claro, porque el Monte no empieza ni termina. Pero él está sentado ahí porque así lo decidió el humo de hoy.
En su mano derecha: una hoja de cannabis que cogió de camino. En su mano izquierda: nada. Y entre las dos manos: todo lo que parece estar lejos.
Hoy el humo le trae una imagen curiosa: un hombre con cara de ingeniero quemado, mirando una maqueta roja que llaman Marte. El hombre habla solo: “Otro año… otro presupuesto… ¿para qué?” El humo se ríe bajito. Maestro Puff no. Él solo exhala.
El humo sube, hace una voluta lenta y forma la silueta de una nave. Luego la voluta se deshace y queda sólo un punto rojo flotando. Maestro Puff lo mira fijamente. El punto rojo se acerca… o él se acerca al punto… da igual. No hay distancia cuando el humo decide.
“¿Ves?”, dice el humo sin voz. “El cuerpo no se mueve. Solo el foco cambia.” Maestro Puff asiente, no porque esté de acuerdo, sino porque ya lo sabía antes de que el humo lo dijera.

Está

En la voluta, el hombre sigue hablando: “Tenemos que llegar… tenemos que construir… tenemos que…” Cada “tenemos que” es una piedra que cae al charco que está a los pies de Maestro Puff en Monte Kush. Ondas. Ondas rojas. Ondas que se expanden hasta que el charco ya no es charco, sino paisaje marciano entero.
Maestro Puff hace una inspiración larga. El humo entra, llena el pecho, y al salir lleva consigo la maqueta, la nave, el hombre, los presupuestos, … Todo sale convertido en volutas rojas que flotan alrededor.
Y entonces, en la voluta, silencio. Ni viento marciano, ni teclas de ordenador, ni deadlines. Sólo el sonido de una respiración que ya no necesita pulmones.
Maestro Puff mira el paisaje de humo que acaba de exhalar. Allí está Marte. No lejos. No cerca. Sólo está.
Y sonríe, porque sabe que el hombre de la maqueta también lo verá… cuando deje de creer que tiene que moverse para llegar.

Un Sueño

Iwanmax recuerda cuando era niño. Le parecía ciencia ficción, pero estaba seguro de que algún día lo lograría: vivir en Marte. Y pasaba los días haciendo planes de viajes, dibujos y maquetas de cartón; escribiendo historias que pasaban allí.
Estudió con ahínco siempre con su sueño como bandera. Se convirtió en el ingeniero espacial con las mejores notas de su promoción. Antes de terminar sus estudios ya le habían contratado en la NASA; y sus planes y maquetas se volvieron más sofisticados y “reales”. Poco después, un visionario loco y millonario le buscó para su proyecto: colonizar Marte. Y sintió que su sueño estaba a punto de hacerse realidad.
“A punto”, que mentira más grande. Lleva años – décadas – de investigaciones, pruebas y fracasos. Ahora, cada vez, lo ve más un sueño imposible. En su oficina se desespera: “Otro año… otro presupuesto… ¿para qué?”.
Pero sigue esforzándose: “Tenemos que llegar… tenemos que construir… tenemos que…”

Siempre ha Estado Aquí

Iwanmax sale de la oficina desesperado; quiere correr y no volver allí nunca más.
En el pasillo oscuro un extraño humo lo envuelve. Ve semiborroso un hombre con túnica verde bordada en oro con hojas de cannabis; su barba y su pelo son capullos vivos. Escucha tres frases enigmáticas: “El cuerpo no se mueve.” “Solo cambias el enfoque.” “Prueba a dejar de creer que estás aquí.” El humo se esfuma (nunca mejor dicho) y con él, el hombre misterioso.
Sin saber porque, vuelve a la oficina. Allí la maqueta de Marte se vuelve “real” por un segundo (polvo rojo en el aire).
Al caminar, el suelo ya no es suelo, … es regolito.
Puede escuchar el viento marciano sobre el ruido de la oficina. Las emociones de Ewan se aceleran: confusión → pánico → risa contenida → liberación total.
Cierra los ojos al lado de su escritorio. Al abrirlos está de pie en Marte, sin traje, sin efectos especiales caros. Sólo luz natural y silencio roto por su propia respiración. Mira alrededor; toca el suelo rojo; sonríe como cuando era niño.

Mirando al Lado Equivocado

Iwanmax cierra los ojos en Marte. Al abrirlos está en la oficina de siempre. Pero ahora su postura es distinta (más suelta). Mira por la ventana y murmura: “Ya estaba aquí.” «Siempre ha estado aquí».
Sobre su escritorio hay un modelo de Starship… y, al lado, una piedra pequeña con polvo rojo – que nadie había puesto allí.
Escucha (más bien percibe de alguna manera) de nuevo la voz del hombre del humo que antes vio en el pasillo: “Marte no está lejos. Sólo estabas mirando al lado equivocado.” Sonríe reconociendo lo que acaba de pasar; sabiendo que en cualquier momento puede volver a pasar.
Lo que no sabe es que «Cada Puff es una Obra Maestra». O puede que sí que lo sepa (da igual, eso no cambia nada).








