

Yidi, Aiby y Maestro Puff

Yidi, Aiby y Maestro Puff

¿Qué idea tiene Hajaj-han?

Esta historia ocurre lejos de Monte Kush, en Madrid (España – La Tierra). Allí vivían Yidi y Aiby, una pareja sin grandes ocupaciones, ni preocupaciones, apasionados por la expansión de la conciencia. Una tarde sonó el teléfono de Yidi. Era su amigo Hajaj-han que estaba de vuelta de un viaje por distintos países europeos. Contaba que en su periplo había conocido un producto derivado del cáñamo, que ese producto era “la bomba” y que tenía una idea millonaria al respecto. En resumidas cuentas, quería el consejo de Yidi para esa nueva aventura que quería emprender. Después de escucharle largo y tendido, Yidi se dio cuenta de que Hajaj-han tenía una buena idea de base, pero sus ideas para completar el proyecto no eran viables (más bien, eran prácticamente inexistentes). Como buen amigo, así se lo dijo. Y se comprometió a ayudarle a asentarlas.
Aquella idea de Hajaj-han, tenía como base vapers de destilado de un nuevo cannabinoide “legal”: el HHC. Para inspirarse, Yidi y Aiby decidieron probar algunos de los vapers que su amigo había traído con él. Sintieron cierta decepción por la “calidad” del inicio de la experiencia: sabor, sensación en las vías respiratorias, … dejaba mucho que desear. El resto de la experiencia variaba y no tenían claro el motivo.

Conociendo a Maestro Puff

De alguna manera, lo que estaba pasando en Madrid, llegó hasta Maestro Puff.
Y, de alguna manera, Maestro Puff llegó hasta Yidi y Aiby. Lo primero que vieron de él, fue su nombre, simplemente como la idea del nuevo proyecto para Hajaj-han. Después su imagen, cabello y barba verdes, mirada cercana y amable, todo acompañado de una vibración inconfundible.
Yidi y Aiby entonces decidieron embarcarse con Hajaj-han en su aventura. En ese momento, les llegó un mensaje claro de Maestro Puff: “Lo que Hajaj-han ha probado, lo que vosotros habéis probado, es un burdo sucedáneo de lo que tenemos en Monte Kush. Por eso, no cumple con las promesas que hace su marketing. ¿Os atrevéis a traer a vuestro mundo lo que yo creo para los montekushianos? Allí, Cada Puff es una obra Maestra.”
La respuesta afirmativa de Yidi y Aiby fue el punto de inflexión para seguir adelante. Maestro Puff, los llevó a su laboratorio (que para ellos se parecía a un volcán en miniatura) y vieron el proceso de creación de los vapers de Maestro Puff, desde la creación de sus destilados, hasta el toque de los terpenautas, pasando por el llenado de los vapers. Obviamente, no podían seguir el mismo proceso en su pequeño laboratorio, pero Maestro Puff los guió para encontrar la forma de replicar sus creaciones: el mejor proveedor para las máquinas necesarias, el mejor proveedor para los dispositivos (vapers y cartuchos), el mejor proveedor para el destilado, el mejor proveedor para los terpenos, y – como no – el toque personal del propio Maestro Puff. Incluso les dio permiso para hablar en su nombre.
Maestro Puff puso una sola condición: no desviarse bajo ningún concepto de las claves de sus creaciones montekushianas (calidad, enfoque, etc.).

Los Primeros Años

Había tantas posibilidades en Monte Kush, que Hajaj-han, Yidi y Aiby se vieron obligados a seleccionar algunas de ellas para empezar. Las primeras pruebas tuvieron un éxito impresionante entre el grupo de “catadores” que Hajaj-han, Yidi y Aiby decidieron usar como apoyo y, gracias a su feedback, se decidieron las primeras réplicas montekushianas que llegaron a Madrid. Algunos de esos catadores se convirtieron en embajadores de Maestro Puff de diversas maneras. Vib-ra-d’or, un icono de la música tecnológica sagrada, creo una experiencia completa con los vapers y melodías específicas. Miöso, además de crear una experiencia con los vapers y Realidad Virtual, pasó a formar parte del equipo de ventas, convirtiéndose en clave para la difusión de Maestro Puff.
Lamentablemente poco después de lanzar las primeras réplicas al mercado Hajaj-han, por motivos personales, decidió salir del proyecto.
Durante dos años la marca Maestro Puff fue creciendo lentamente, pero sin pausa, llegando cada vez a más gente. Incluso surgió la oportunidad de colaborar con otras marcas sin perder la esencia de la promesa hecha al creador original.

Los Cambios Siempre son Buenos

El panorama legal en España cambió y desmoronó el proyecto. Antes de que eso ocurriera, Maestro Puff ya había enviado un leal compañero para Yidi y Aiby: An-amamus, un abogado integro, honesto, meticuloso y constante que se convirtió en su ángel guardian ante la ley y les ayudó a posicionarse de nuevo. Una noche de primavera, An-amamus estaba tendido al lado de la piscina de aquella fiesta en la que apenas conocía a nadie. Su cabeza daba vueltas, su respiración estaba acelerada, no tenía ni idea de lo que le pasaba (seguramente había tomado algo que no le estaba sentando nada bien), pero sentía que moría. De repente, sintió a su lado la presencia de Yidi y Aiby, a los que ya conocía, pero había alguien más con ellos: Maestro Puff. Maestro Puff se puso de cuclillas a su lado, se inclinó hacia él y le tocó suavemente la frente con sus labios, mientras de su barba llegaba un aroma inconfundible a cáñamo. En ese momento, el mundo se detuvo, su respiración se hizo más pausada y sintió que empezaba una nueva vida. Así An-amamus, pasó a ser un embajador más de Maestro Puff.
Cambiaron los productos que Yidi y Aiby llevaron a su mercado, pero siguieron siendo fieles a las condiciones de Maestro Puff. Y Maestro Puff, siguió siendo fiel a sus promesas de ayuda.
No sólo eso, la evolución tecnológica de su mundo permitió que Yidi y Aiby acercaran Monte Kush, Maestro Puff y sus ayudantes de una manera más realista a sus coetáneos. Es por eso, que hoy se han animado a compartir esta historia (su historia).

Cada Puff es una Obra Maestra

A propósito, muchos de los que conocen a Yidi en persona, dicen que es Maestro Puff por el parecido de su cara a la del Maestro Puff original. Pero, no hay que confundirse, no es la imagen de Maestro Puff lo que ven en Yidi, si no su vibración. Una vibración que siempre le acompaña y cada vez se hace más intensa.
Sobre todo, cuando dice: “Cada Puff es una Obra Maestra”.








