El Rey del Cáñamo
El Monte Kush se alza majestuoso bajo un cielo arremolinado de verdes neón y púrpuras, con islas flotantes de nubes algodonosas en continuo movimiento. Esta es la historia de cómo Jack, un terpenauta con la batería a tope, conoció a Maestro Puff, un encuentro que fundió su fuerza con este mundo dinámico

A medio día el sol apretaba a tope y en un huerto flotante cerca de la cascada de luz líquida, Jack trabajaba con una energía incansable entre las plantas de cáñamo. En la mitad de su vida, su figura enérgica se movía con destreza, su corona dorada y verde brillando bajo la luz neón y sus gafas de lentes verdosas reflejando su foco creativo. Siempre con ropa de trabajo, que no importaba donde se apoyase o que sustancias cayeran sobre ella. Siempre dispuesto a seguir adelante. Su piel bronceada y su barba recortada mostraban horas de dedicación, mientras ajustaba su último invento mecánico: un riego improvisado con engranajes y tuberías.
“¡Buenos días!”, exclamaba, su entusiasmo inquebrantable. En aquella época, sus creaciones eran ingeniosas pero ordinarias, diseñadas para ayudar a los demás con esfuerzo puro. Lo daba todo en cada uno de sus inventos, y no paraba hasta que conseguía la solución que se necesitaba. Aprovechaba en sus artefactos cualquier material, herramienta o ser que encontraba a su alrededor, consiguiendo que fueran muy funcionales, pero con una estética, a veces, más que divertida (algunos decían que carecía de ella).

De pronto, una ráfaga desequilibró la plataforma en la que estaba, y el invento cayó al vacío, perdiéndose en las nubes. “No. ¡Otra vez!”, gruñó, su energía tambaleándose mientras se asomaba al borde. Fue sólo un segundo, enseguida recuperó su buen humor: “Pues a empezar de nuevo. No queda otra.”, dijo riendo y se puso manos a la obra.
Un resplandor cálido atravesó las nubes. Maestro Puff emergió de ellas, su túnica verde con bordados de capullos dorados, arropándolo con gracia. Su barba y sus cabellos de cannabis relucían, y las gotas de agua en el huerto respondían a sus pasos con destellos. Se acercó a Jack, extendiendo las manos; de ellas brotó una luz verde que estabilizó la plataforma. “Rey del cáñamo, tu fuego necesita raíz”, dijo, su voz firme y cálida como un susurro de la tierra. Jack, sorprendido, ajustó sus gafas. “¿Quién eres?”, preguntó, curioso. “Soy Maestro Puff”, respondió, “y traigo arraigo a tu fuerza”. La luz los envolvió a ambos con una oleada de calma enfocada, y sonrió.
“¿Cómo lo haces?”, preguntó Jack. “Con amor y la esencia de Monte Kush”, rió él, recuperando el invento con un gesto que lo hizo flotar y brillar.

Bajaron de la plataforma y se dirigieron a uno de los huertos por los que Jack había pasado no hacía mucho. Las plantas al verlo, lo saludaron “¡Bienvenido, creador!”. El aire olía a haze vivo. “Tu energía impulsa nuestro mundo”, explicó Maestro Puff, su túnica ondeando como un estandarte. “¿Implsa?”, preguntó Jack, intrigado. “Sí, con tus manos”, respondió, tocando el invento. Jack lo sostuvo, y su esencia de gasolina, fruta y haze se expandió, infundiendo al riego con un resplandor mágico que regó los cultivos con luz. El aire vibró con creatividad, y Maestro Puff asintió. “Tu labor sostiene a otros. Dales vida a tus creaciones”.
Jack sintió su enfoque agudizarse, su energía canalizada hacia inventos que ahora brillaban con magia. “Quiero perfeccionar esto”, dijo, y Maestro Puff sonrió, dándole un fuerte apretón de manos. “Cada día trae un nuevo diseño; y cada diseño, una obra maestra”, respondió.

Jack sigue siendo el rey del cáñamo, enérgico y creativo como siempre, pero, desde entonces, sus inventos llevan un toque mágico que los hace realmente especiales para los habitantes de Monte Kush que se acercan a pedirle ayuda. Y también son así, todos los que él crea sin que nadie se lo pida, sólo porque ve que son necesarios.
A veces, en tardes calurosas, Jack regresa a aquel borde donde cayó su máquina de riego, y lanza un “¡Buenos días!” al viento, agradecido por aquella ráfaga que le llevó hasta Maestro Puff y a transformar su manera de ayudar y de estar en Monte Kush.
Mango >>